Entre insectos.

•febrero 13, 2013 • Dejar un comentario

Y en aquella metrópoli de ateridas rosas marchitas, de hieráticas miradas candentes y quimeras saqueadoras de sueños, como en el aire, levitamos. Pues el sabor de aquel parásito que no quisimos rememorar, nunca supo tan dulce.

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Cadenas y fuego

•diciembre 19, 2012 • Dejar un comentario

Y nunca has tenido esa sensación de desevolucionar?
De andar hacía atrás, de creer en shivas y soles, en pactos y flores.
De deshacer lo desecho, de formar parte de un cosmos jamás existente.
De sonreír al diablo y de llorar a la raíz de todos los males.

Pensar que creer es en vano, y en vano es alguien a quien amar. 
De ser engendro de nuevo, de bañarte en sangre y beber de la inocencia de matar.
De deambular entre cuerpos etéreos, de reír la crueldad, de arrancar hasta el último sueño.
De quemar hasta el último ápice de bondad, de querer cortarte las alas y cerrar la jaula.

De desafiar al amar y destruir el último cimiento de sus entrañas.
De sangrar en sociedad, vomitar temores y desidias.
De arrebatar la esperanza a la dicha, y alabar a el deseo prohibido.
De quemar hasta el último rastro de tu cuerpo… Y ser quien no eres.

Pues desevolucionar es evolucionar, pues el odio, el asco y la envidia forman parte de las entrañas,
pues ser demonio siempre fue sinónimo de amar y amar siempre fue un antónimo de evolucionar.

Dame cadenas, fuego y un poco de esperanza, pues quedan muchos tumbos que dar, en este suelo lleno de 
viscosas ilusiones.

A veces

•octubre 7, 2012 • Dejar un comentario

Por que a veces, prefiero arroparme entre las sombras… que acariciar la luz.

Camino de cristal

•septiembre 25, 2012 • Dejar un comentario

Un pasillo largo, sin fin a primera vista, inalcanzable.. Un pasillo eterno, según para que ojos. Estrecho, frágil, ligero… Rodeado de unas finas láminas de cristal, fácilmente quebrantables… pero sostenibles como pocas. Al principio, una puerta, al final… unas escaleras de caracol, que acaban en vacio.

Toc, Toc… Alguien ha llamado a la puerta.
¿No se abre? Tiene llaves.
Parece que la ha encontrado… pero cuesta de encajar.
Toc, Toc… Algo más acelerado
Parece que la llave empieza a encajar.
Trac… El clic del abrir de la puerta.

Un ser, sin rostro, abre la puerta, con cuidado. Parece feliz. Normal, a abierto la puerta. El suelo, da igual lo fuerte que lo pise… No se caerá jamás. Le da miedo asomarse por el cristal, todo es oscuro, frío… pero no teme mirar por el. No por ahora.
Sigue andando, tranquilo. Su paso no se acelera, solo se muestra su boca. Y muestra una gran sonrisa. ¿Que te hace tan feliz, ser? Sigue andando, poco a poco, sin pisa… Parece que se ha parado. Mira al exterior. Su cara, ha dejado de ser feliz por un momento. Se ha puesto triste, pero no lo suficiente como para dejar de andar.

Seguía y seguía. Ya no tan contento como antes, pero seguía. Algunas veces le estallaba la sonrisa, otras, se le caía a trozos. Pero no le preocupaba, el joven, seguía y seguía…
Crac. ¿Algo se a roto? El personajillo pareció pisar demasiado fuerte, y el crista muestra marcas de rotura. Lo mira, preocupado, su rostro es fió, tembloroso… está asustado. Intenta taparlo. Parece que se mantendrá bien por un rato.

Aquel ser, seguía andando. ¿Que te hace tener esa sonrisa en la cara, ser? Nunca me contestó. Pero yo lo sabía. Y el también. Ese otro ser, que le acompañaba. Nunca le veía, jamás. Pero le acompañaba. Debía de ser importante, pues le arrancaba las sonrisas más sinceras que jamás había visto en nada ni nadie.

Seguía andando, algo más rápido. Acelerado. Su corazón latía fuerte, y su rostro, llacía algo triste. Miró hacia atrás. Un suspiro nació de su pecho. Sentía tantas cosas al ver el largo camino que había recorrido hasta entonces… y le dolía tanto, ver la brecha que por su culpa había quebrantado una parte del cristal… pero seguía.

Crac… ¿Que te pasa, ser? ¿De donde surge ese sonido? Su corazón latía fuerte. No quería mirar atrás, no quería mirar a sus lados… solo quería correr. Crac, Crac… Cada vez más fuerte. Ser corría, mirando hacia el suelo, jamás levantaba la vista. Su rostro… triste. Lúgubre. Jamás había visto algo similar en la historia. Ser corría y corría… y nunca miraba atrás. Todo era estruendo. Todo eran golpes. Todo era…dolor.
Cansado, paró, tomo aire… y miró hacia atrás. Ya no había pasillo. Ya no había nada. Solo infinito. Solo trozos de cristal que no se mantenían sobre nada. Corría. No quería parar. No quería volver a ver aquella imagen… le desolaba. Siguió corriendo y corriendo… hasta tropezar.

Un escalón estaba frente a el. Lo miró, como si estubiese a kilometros de distancia por encima… y no les separaba ni un palmo. Crac, Crac… no le quedaba mucho tiempo. Se levantó, con diversas heridas, en las manos y en las piernas… y siguió corriendo. Muchas escaleras de cristal en forma de caracol, que parecian no tener fin. Corría y corría… y detrás ya no quedaba nada, todo se rompía. ¿Qué te espera al final, joven ser?
Nada. Lo sabes, verdad?. Levantó la vista… y delante, no había más escalones. Ni detrás había nada. Solo eran dos escalones los que le soportaban… las lagrimas afloraron de sus ojos. Crujía. Miro al cielo, y comenzó a llorar.
¿Sabes que queda ahora? La nada, ser. La nada… Ya no hay más camino, más que tu propio vacío. Adiós…
Crac…
Crac…

Lluvia

•septiembre 23, 2012 • Dejar un comentario

La calle se mostraba lúgubre, oscura. Un bello paisaje urbano que tomaba edificios por arboles y coches por animales silvestres. Bello, como rara ocasión en aquel lugar. Apacible. únicamente por una cosa. Las gotas que colgaban y caían desde aquel oscuro y espeso cielo gris.

La calle estaba desierta. La gente ya había pasado por ahí, con prisas, sin paraguas, o algo más tranquilos, con este, buscando un lugar donde refugiarse. Todo era normal. Todo parecía ser tranquilo en un oscuro día de lluvia. Todo excepto por una cosa.
Una vida. Una llama que parecía apagarse poco a poco. En mitad de la carretera, una persona andaba, acelerada. Disfrutando del paso de la lluvia,pero dolido, como pocos. Sus pisadas reconcomían lo más profundo de su ser, los edificios le miraban, intimidantes. El susurro de la lluvia era su único aliado.

Su ropa estaba mojada, empapada. Cubierto por la capucha de su desgastada sudadera, su largo cabello asomaba por los laterales de su gorro, y el pelo tapaba lo poco visible que le quedaba en la cara. Solo dejaba mostrar sus labios, delgados, morados… buscando a alguien. También se divisaba, a duras penas, sus ojos, y su nariz. Dos puntos oscuros, marrones. Ojos que solían encontrar la paz, pero que aquella vez, vivían en la angustia, en la más pura desgana.
El joven, comenzaba a andar más lento. Sus pies se arrastraban , condenados a vagar por ese mundo. Poco a poco, fue parando y parando… hasta quedarse completamente quieto. Alzó la mirada al cielo. La lluvia, bailaba por su rostro, caía y desfilaba. El joven, cerró los ojos un momento, tomó aire y algo sucedió.

Dos gotas comenzaron a florecer de sus ojos. No era lluvia, no era agua… era lo más profundo de su alma. Estas, corrían, atravesando todo su rostro, seguidas de otras de la misma procedencia, y una respiración entre cortada.
Las gotas, chocaron contra el suelo. Impactaron. Fue imposible no escuchar ese silencioso estruendo. Dolor. Rabia. Desgana. Miedo. Temor. Su boca comenzó a abrirse, no pudo contenerse más. Un pequeño gemido de dolor no físico se escapó de su interior.
No aguantaba más. Se desplomó, cayendo de rodillas al suelo. Minutos después, sus rodillas aún se hallaban resentidas. Pero no le importaba. Eso era el mínimo dolor. Golpeó con fuerza el duro asfalto. Otra vez, sus lagrimas cayeron. Golpe tras golpe, grito tras grito. El joven necesitaba desaparecer con la lluvia, pero no lo conseguía.

Aquel paisaje urbano comenzaba a mostrar pequeñas lineas de luz. Ya no había agua. Solo un asfalto mojado. Ahora todo era luz, el cielo se despejaba poco a poco. Las nubes oscuras iban despidiéndose de aquel lugar.
La gente comenzó a salir a la calle. Pero allí, en el centro de todo ese desdén, ya no había nadie. Solo el rastro de unas lagrimas que hicieron mella en el suelo.
Quizás, al fin, consiguió fluir con el agua, de una vez por todas.

 Como olas en …

•septiembre 6, 2012 • Dejar un comentario

Como olas en el mar, nos levantamos.
Como madera en el fuego, ardemos.
Como estrellas en el cielo, brillamos.
Como cadenas entrelazadas, inseparables.
En la profundidad de mi cuarto, en el rincón de mi alma, todo recuerda a ti.

Mis sabanas se vuelven egoístas, a mi cuerpo ya no lo acojen. Te buscan a ti.
El frío de la noche revolotea entre mi cuerpo y a la luna se le escucha llorar, de lejos. Te busca a ti.
Las paredes cambian de color, mi abrigo ya no es cálido y mis labios, secos, no dejan de lamentarse. Te buscan a ti.
Mi corazón se acelera, mi cuerpo se acalora y busca tu sentir. ¿Sabes?… Mi cuarto se torna oscuro y adivina… Solo te quiere a ti.

Como lagrimas, caemos.
Como la lluvia, fluimos.
Como el sol, quemamos.
Como en un laberinto, nos perdemos.
En el oscuro páramo de mi interior,en el dulcemente amargo sabor de esas palabras, todo recuerda a ti.

Tengo un puzzle… ¿te unes? Eres la única pieza que encaja, y la única que necesito para completarlo. Por que diga lo que diga, busque donde busque. Solo te necesito a ti.

Extraña sensación

•septiembre 2, 2012 • Dejar un comentario

Extraña sensación, remitente desde un pasado, o quizás de lapso indeterminado. Me arrodillo ante tus puertas, tus desidias y tus desdichas, me arrodillo ante todo lo que olvidamos. Pues, ahora, pregunto desde lo interno, lo oscuro y lo aterrado.

¿Qué es esto, que reconcome mi interior? 

Pues cada segundo de amor, cada tuerca de este sistema llamado sentir y de momentos alejados de mi, algo grita, vedando lujurias y pasiones de tardes desaparecidas. Achares que resurgís de mi lo oscuro, lagrimas que revivís lo vivido, y el por venir, transportarme a esos sonetos de amor que prometían mi abandono al deseo y al amor, de una áspera sabana conocida, que jamás me dejaría escapar.

Pues prométeme, necio pórtico de mi anhelo, que todavía tengo cabida en esos deseos, que esas esperanzas aún siguen vivas y que ni el tiempo ni el padecer, serán capaces de abatir ni un solo adobe de nuestro muro. Pues mi cuerpo yace bajo tu merced, y mi alma, … mi alma hace tiempo que no me acompaña.