Lluvia

La calle se mostraba lúgubre, oscura. Un bello paisaje urbano que tomaba edificios por arboles y coches por animales silvestres. Bello, como rara ocasión en aquel lugar. Apacible. únicamente por una cosa. Las gotas que colgaban y caían desde aquel oscuro y espeso cielo gris.

La calle estaba desierta. La gente ya había pasado por ahí, con prisas, sin paraguas, o algo más tranquilos, con este, buscando un lugar donde refugiarse. Todo era normal. Todo parecía ser tranquilo en un oscuro día de lluvia. Todo excepto por una cosa.
Una vida. Una llama que parecía apagarse poco a poco. En mitad de la carretera, una persona andaba, acelerada. Disfrutando del paso de la lluvia,pero dolido, como pocos. Sus pisadas reconcomían lo más profundo de su ser, los edificios le miraban, intimidantes. El susurro de la lluvia era su único aliado.

Su ropa estaba mojada, empapada. Cubierto por la capucha de su desgastada sudadera, su largo cabello asomaba por los laterales de su gorro, y el pelo tapaba lo poco visible que le quedaba en la cara. Solo dejaba mostrar sus labios, delgados, morados… buscando a alguien. También se divisaba, a duras penas, sus ojos, y su nariz. Dos puntos oscuros, marrones. Ojos que solían encontrar la paz, pero que aquella vez, vivían en la angustia, en la más pura desgana.
El joven, comenzaba a andar más lento. Sus pies se arrastraban , condenados a vagar por ese mundo. Poco a poco, fue parando y parando… hasta quedarse completamente quieto. Alzó la mirada al cielo. La lluvia, bailaba por su rostro, caía y desfilaba. El joven, cerró los ojos un momento, tomó aire y algo sucedió.

Dos gotas comenzaron a florecer de sus ojos. No era lluvia, no era agua… era lo más profundo de su alma. Estas, corrían, atravesando todo su rostro, seguidas de otras de la misma procedencia, y una respiración entre cortada.
Las gotas, chocaron contra el suelo. Impactaron. Fue imposible no escuchar ese silencioso estruendo. Dolor. Rabia. Desgana. Miedo. Temor. Su boca comenzó a abrirse, no pudo contenerse más. Un pequeño gemido de dolor no físico se escapó de su interior.
No aguantaba más. Se desplomó, cayendo de rodillas al suelo. Minutos después, sus rodillas aún se hallaban resentidas. Pero no le importaba. Eso era el mínimo dolor. Golpeó con fuerza el duro asfalto. Otra vez, sus lagrimas cayeron. Golpe tras golpe, grito tras grito. El joven necesitaba desaparecer con la lluvia, pero no lo conseguía.

Aquel paisaje urbano comenzaba a mostrar pequeñas lineas de luz. Ya no había agua. Solo un asfalto mojado. Ahora todo era luz, el cielo se despejaba poco a poco. Las nubes oscuras iban despidiéndose de aquel lugar.
La gente comenzó a salir a la calle. Pero allí, en el centro de todo ese desdén, ya no había nadie. Solo el rastro de unas lagrimas que hicieron mella en el suelo.
Quizás, al fin, consiguió fluir con el agua, de una vez por todas.

Anuncios

~ por seikyoku en septiembre 23, 2012.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: